Contenido 6:
Objetivo general:
Promover un acercamiento plural creativo y crítico
al texto literario que propicie el disfrute de la lectura
Objetivo
específico:
Desarrollar la capacidad de comprensión
lectora en los niveles: literal, reorganización de lo explícito, inferencial,
evaluativo, recreativo o aplicativo, utilizando textos literarios.
Contenidos:
Se
hará un acercamiento al género ensayo, motivando la participación de los
alumnos a crear sus propios ensayos.
Valores y actitudes:
Apreciación de la lectura como fuente de información
y como instrumento para el aprendizaje y
el ejercicio de tareas concretas relevantes.
¿Qué
es un ensayo?
El Diccionario de
la Real Academia Española define al ensayo en los siguientes términos:
Escrito en prosa en el cual un autor desarrolla sus
ideas sobre un tema determinado con carácter y estilo personales
Por consiguiente, es posible destacar que la
principal característica del ensayo es la libertad del autor. Al escribir un
ensayo lo hace siempre con la intención de plasmar un rasgo íntimo, propio.
A continuación, se exponen las principales
características de todo ensayo.
Estructura y forma flexible.
No se sigue una rigurosa estructura formal en la
exposición del contenido, como ocurriría en el caso de una monografía. Tampoco
es obligatorio que todas las ideas del autor estén acompañadas de alguna cita
bibliográfica. La esencia de todo ensayo es la libertad de expresar el
pensamiento de una manera personal.
Esto no impide, obviamente, que el escritor decida
estructura su ensayo siguiendo el clásico orden de una introducción, un
contenido o desarrollo, y una conclusión
Para saber más, leer el artículo sobre las partes
del ensayo.
Variedad temática
El ensayista puede escribir sobre cualquier tema.
Existen ensayos sobre temas sociales, ambientales, filosóficos, científicos.
etc.
Existe mucha diferencia entre un ensayo expositivo
sobre el calentamiento global en comparación con otro analiza el fenómeno
sociológico del consumismo. El primero tiene relación con el medio ambiente y
el segundo estudiará un determinado fenómeno social.
Yolanda Oreamuno
Medios que usted sugiere al Colegio para librar
a la mujer costarricense de la frivolidad ambiente
Sé que el Colegio, al cual deseo rendir de este modo ?bien humilde por
cierto- homenaje de gratitud y de cariño, ha medido, desde luego que la
fórmula, la magnitud y trascendencia de esta encuesta pública. Dado que es
difícil suponer las infinitas ramificaciones y aspectos de este problema, y
lo peligroso, para cualquier mentalidad cobarde, de enfocar con recta y
certera visión la raíz de un mal que ya adquiere caracteres de epidemia, el
Colegio da una muestra decisiva de conciencia docente al abrir en esta forma
la puerta a la voz pública, y especialmente a la voz femenina, para que se
sientan todos cada día más ligados a la labor que ahí se realiza.
Lo que ahora hace el Colegio equivale a desvestirse de aquella
significación puramente ?educativa anquilosada?, que pretendía ver la
cuestión pedagógica como una cosa desconectada de la vida que fuera de sus
puertas se deslizaban, y que no había asimilado del producto del ambiente y
por lo tanto está indefectiblemente ligado a él. De este modo se termina en
forma brillante la vieja manía de tomar al alumno como a un conejillo de
Indias para realizar en él experimentos y así muere el error de que dichos
experimentos pedagógicos comienzan y terminan en el laboratorio. Cuando el
alumno ingresa a las aulas es ya un producto, una resultante de impresiones,
influencias y emociones fuertemente grabadas en su subconsciente, con las
cuales no se puede dejar de contar. Y cuando este alumno sale, va
directamente a moverse en un mundo extraño, que acabará de majar en su personalidad
hechos y casas que lo condicionarán decisivamente y para los cuales no puede
ignorar el Colegio que trabaja.
Creo haber entendido satisfactoriamente el alcance y significación de
este gesto, con lo cual me siento capaz de entrar en materia, no sin agradecer
antes a "mi Colegio" lo que hace ahora por la juventud de Costa
Rica, como en otro tiempo lo hizo por mi personalmente.
La situación social de la mujer en Costa Rica viene a ser la raíz
madre de lo que el Colegio llama con tanto acierto frivolidad ambiente. Si
aquello es la causa, esto es el efecto. Quiero dejar sentada esta premisa
para deducciones finales. Urge por tanto, para entender el problema,
remontarse al ambiente infantil familiar y seguir desde este punto de partida
paso a paso el movimiento personal de la alumna, con el objeto de que por una
simple observación ordenada de los hechos lleguemos a razonables
conclusiones.
Desde que comienza la educación de nuestra mujer en el hogar se
plantea ya su contradictoria situación: ¿Se educa a nuestras muchachas para
que sean buenas señoras de casa, correctas esposas y fuertes madres, o se las
educa para que tomen una activa parte en el conjunto social, dentro y fuera
del hogar? Si es exclusivamente lo primero, entonces la labor del Colegio en
sí esta reñida esencialmente con la educación familiar, desde donde se malea
la personalidad de la mujer haciéndola creer que su único destino está en el
matrimonio. El Colegio procura capacitar, que no otro propósito es el de los
múltiples conocimientos que ahí se imparten. Ahora bien toda capacitación,
con ser únicamente un medio, implica, por estricta lógica, un fin
subsecuente, un objetivo que dignifique el trabajo realizado, que haga pensar
en ilación y continuidad, y que no deje al cabo de cinco años de esfuerzos
colectivos la obra trunca, porque la cultura conseguida en el Colegio no
puede ser un fin en sí. Caso de que a nuestra mujer se la eduque con el
segundo objetivo planteado, entonces se hace necesaria una pregunta
orientadora, de ruta futura.
¿Qué va a hacer la alumna después de esos cinco años? ¿Tiene algún
objetivo definido? ¿Para qué fin estudia? ¿Entiende la muchacha que se pone
blusa rayada que la atención, el dinero gastado, el tiempo invertido y el
esfuerzo realizado son valores que necesariamente exigen una finalidad, que
se les ponga al servicio de una causa definida? ¿Comprende que la estudia lo
hace por algo, y sabe qué es ese algo? ¡No!
La generalidad de nuestras muchachas, la casi totalidad de los padres
que las colocan en el Colegio, no se han formulado esa pregunta. Y ellas van
porque ?papá quiere?, porque es muy bonito o por necesidad de poder decirse
bachiller a los 17 ó 18 años. El padre la matricula: porque a los hijos hay
que ?educarlos? (uno de los nuevos deberes paternales que la civilización ha
agregado a los tantos y tan difíciles de criar hijos) y es urgente ocupar su
imaginación y su tiempo durante los cinco años que hay entre su desarrollo y
la ?colocación? definitiva en las manos de un hombre que por A o por B
motivos quiera hacerse cargo de ella: el marido. Eso es todo. Pero, digo yo,
¿será justo conformarse con un "eso es todo"? está eso o no reñido
con la labor que el Colegio pretende realizar?
La posición viene desde la casa, desde la calle, desde la más
elemental educación. Aún más. Este mismo problema tiene diferentes aspectos
individuales, ya afecte a cuál de los tipos de muchachas que ingresen al
Colegio.
Hay la que va desde el más humilde de los hogares, haciendo inauditos
equilibrios económicos para sostener con decoro su posición de estudiante. La
otra, que llega de una casa más o menos acomodada, pero sin perspectivas
alentadoras que le permitan seguir siendo una carga para la familia.
Y la tercera, la de la casa rica.
La primera, que se supondría la más urgida para señalar su camino, no
lo hace, porque sabe que a la hora de dejar el Colegio, si es que llega al
final, la palpitante realidad la hará buscar una solución económica
inmediata, y ahoga así en el taller o en el mostrador la Aritmética, el
Algebra y hasta la Geografía, conocimientos que han resultado de este modo
casi inútiles, sin vitalidad. Para esta el Colegio es solo un transitorio
puerto entre dos tempestades, la ocasión ilusoria de amistades que muy
difícilmente concretan, el contacto alegre con clases sociales vedadas. Esta
no desea tomar el estudio en serio: ¿para qué? En cambio, está demasiado
dispuesta a tomar en serio las primeras visiones de otra vida que nunca
conocerá bien y que durara escasamente cinco años ...Ahora, como esa vida es
halagüeña se convertirá en su realidad de Colegio. Nunca el estudio en sí. La
segunda, la que oscila entre un grupo y otro, tiene también una bivalente
óptica del Colegio. No sabe si las aulas se hicieron para el contacto con la
gente alegre de uniforme, solamente, o si va también a estudiar. Para esta el
marido es ambiguo. Juega a que "tal vez" ...
La tercera, la rica, tiene tiempo hasta para pensar. A veces el dinero
hasta tiempo proporciona. Nada es urgente para ella. Si estudia y ?saca unos?
y el papá es liberal, va a Estados Unidos, no sin estrenarse antes en el
Nacional, pomposamente vestida de blanco. Y de regreso, ?posiblemente? escoja
con quién casarse. No tiene realmente importancia para ella si lo toma en
serio o no.
Carente de orientación verdadera, la mujer sólo tiene un incentivo
para el estudio: la competencia por la buena nota a como haya lugar y la
consecuente memorización, el aprendizaje muerto en sí. Así es como la
intrascendencia, la frivolidad germinan en terreno abonado. Son cinco años
decisivos perdidos por falta de continuidad, por ver la vida como una ?cosa?
en etapas: escuela, colegio, marido, y no como una obra de construcción
interna y externa, con movimiento y finalidad. De ahí que para casi todas el
Colegio sea: el recreo, los desfiles, la ?salida a las once? y la nota.
La misma situación pre-colegial a que antes aludí está preñada de
contradicciones que luego repercuten en la personalidad, en la orientación de
la mujer. Una de las más serias que crea la intolerancia doméstica es el
gravamen intelectual que significa ser ?hija de familia?. El origen de este
término debe ser tan ambiguo como su significado. Ser ?hija de familia?
equivale a estar sujeta a la tutela intelectual y moral de nuestros mayores,
a perpetuidad; viene a ser como un descargo de responsabilidades en un
persona que se considera más capaz para asumirlas. La ?hija de familia? es el
producto de un núcleo pequeño y errado ?cerrado, esto es lo grave- al
exterior y del que generalmente el padre es la puerta y la llave a la vez. Las
influencias exteriores son cotizadas, pesadas y medidas por dicho mentor, las
opiniones controladas directamente y, lo que ya es del todo malo, las
actividades volitivas borradas en su casi totalidad. Porque poco importa
velar celosamente por la hija, si luego discuten con ella las decisiones
tomadas, tratando de educar su personalidad, su capacidad para decidir por el
buen camino con criterio propio. Lo grave es lo otro, la obediencia
irrestricta, sin discusión amigable ninguna y el respeto también irrestricto
a lo decretado con anterioridad. Esta clase de dependencias es consecuencia
inmediata, por la incomprensión de los deberes y derechos paternales, de la
dependencia económica forzosa de la mujer durante el período que por
desgracia muchas veces ocupa toda una vida. Ahora bien: quede bien claro, que
no voy contra el respeto y la obediencia bien entendidos, sino contra las
consecuencias de la interpretación ambiente sobre lo que es ?docilidad?. Y
estos efectos de obediencia y respeto, según el significado corriente, de la
hija para el padre ?que como ya dije anteriormente, tienen un causa
económica- no son lo suficiente elásticos para adaptarse a las nuevas
modalidades a que está sujeta la familia media en Costa Rica, en la cual es
más frecuente el caso. Esta familia, de pocas posibilidades monetarias, tiene
generalmente que lanzar sus hijos a la vida, al trabajo y a un ambiente en
contra del cual los ha acondicionado. Y al exigir a los hijos tal actitud, se
encuentran éstos cohibidos, sus responsabilidades limitadas a cero, puesto
que han de recaer lógicamente en el que planteó la posición. La muchacha así,
se ha acostumbrado a que dicha persona piense por ella, a que la vida no sea
más que una realidad para el padre, único quien tiene que asumir actitudes
agresivas y defensivas en la lucha de todos los días. Lógico es esperar que
la bruma de la frivolidad la enrede y le impida ostentar verdadera dignidad.
Porque no hay dignidad sin conciencia y la suprema conciencia está en asumir
con pleno conocimiento de causa las responsabilidades que da la vida al
enrolar a un ser en su corriente, sea hombre o sea mujer.
De este ambiente de Colegio lesionado, de esa tutela familiar
negativa, sale la muchacha a realizar el tercer lapso de su vida: la
búsqueda, y ojalá consecución, del marido.
Este tercer estado, que algún ironista llamó ?cinegético?, es la
desconexión definitiva de toda inquietud intelectual y también es un tránsito
delicado a gastarlo, simplemente, en la forma más alegre y conveniente. Se me
dirá: esa es la mujer sin necesidad apremiante de trabajar, la que puede
vivir sin pensar en la realidad diaria. Argumento obtuso este. Porque, y esto
es para mí básico en la constitución mental de las mujeres, la muchacha de
Costa Rica no tiene urgentes necesidades económicas que la obliguen a tomar
una consciente actitud de la vida y que desarrollen, simultáneamente con el
sentido de responsabilidad, la ambición y las nobles inquietudes. Hay, claro,
un sector de mujeres que se ganan la vida y sin otra posibilidad de subsistir
que su propio esfuerzo, pero no es, por cierto, entre estas mujeres, la
frivolidad frecuente; en ellas sólo abunda la tragedia. La muchacha media la
más numerosa en los lugares de más acentuada intrascendencia entre el sexo
femenino ?como las ciudades-, que se ha asimilado hasta el máximo la
inconsciencia ambiente, es la que trabaja sin depender exclusivamente de ella
misma y así continúa siendo una sucursal bien escogida de la casa, escogida
para que no haya contactos ?peligrosos?, donde no se ?mate? y hasta la cual
llegue la benevolente protección familiar. La muchacha se sienta ante otro
pupitre, esta vez con sueldo, a esperar el fin de mes como antes esperaba la
nota. En tal condición económica, se amortiguan los golpes de la realidad,
pues la empleada resulta una simple ayuda en la casa, es decir, una ridícula
suma que abona a los anteriores desvelos familiares, si es que, por el
contrario, no da un cinco. Como resultante, la ambición se embota y se
encausa hacia la vida de un club como único objetivo, lo cual supone el lujo
en el vestir como una sola obsesión. Esta tercer a etapa se prolonga, como un
juego también, hasta el recodo donde se plantea la bifurcación: o se camina
hasta el matrimonio, sobre las bases y con la herencia apuntada, o hasta la
soltería infértil y negativa de nuestras mujeres.
Oreamuno, Yolanda. ¿Qué hora es? Antología femenina del ensayo
costarricense. San José, C.R.: Instituto del libro del Ministerios de Cultura
Juventud y Deportes,[s.f.] P. 166-173
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