Contenido 5:
Objetivo General:
Promover un acercamiento
plural creativo y crítico hacia el
género literario de poesía que propicie el disfrute de la lectura y
conocimiento del mismo.
Objetivos
específicos:
Analizar los poemas tanto a nivel de significado como de estructura
Contenidos:
Lectura de textos
literarios, novela en poesía: El
romancero gitano” de Federico García Lorca y “Odas elementales” de Pablo
Neruda.
Actividades de mediación:
A partir de la
lectura dirigida en clase de los poemas, los alumnos utilizando el material
facilita por la profesora se darán a la tarea de crear sus propios poemas.
Valores y actitudes
Apreciación de la
lectura como fuente de información y
como instrumento para el aprendizaje y el ejercicio de tareas concretas
relevantes.
Aprendizajes
por evaluar
Aplicación de los conocimientos adquiridos en
forma creativa.
Romance de la luna, luna (Federico García
Lorca)
A Conchita García Lorca
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
ODA A LA ALEGRÍA
ALEGRÍA
hoja verde caída en la ventana, minúscula claridad recién nacida, elefante sonoro, deslumbrante moneda, a veces ráfaga quebradiza, pero más bien pan permanente, esperanza cumplida, deber desarrollado. Te desdeñé, alegría. Fui mal aconsejado. La luna me llevó por sus caminos. Los antiguos poetas me prestaron anteojos y junto a cada cosa un nimbo oscuro puse, sobre la flor una corona negra, sobre la boca amada un triste beso. Aún es temprano. Déjame arrepentirme. Pensé que solamente si quemaba mi corazón la zarza del tormento, si mojaba la lluvia mi vestido en la comarca cárdena del luto, si cerraba los ojos a la rosa y tocaba la herida, si compartía todos los dolores, yo ayudaba a los hombres. No fui justo. Equivoqué mis pasos y hoy te llamo, alegría.
Como la
tierra
eres necesaria.
Como el
fuego
sustentas los hogares.
Como el
pan
eres pura.
Como el
agua de un río
eres sonora.
Como
una abeja
repartes miel volando.
Alegría,
fui un joven taciturno, hallé tu cabellera escandalosa.
No era
verdad, lo supe
cuando en mi pecho desató su cascada.
Hoy,
alegría,
encontrada en la calle, lejos de todo libro, acompáñame:
contigo
quiero ir de casa en casa, quiero ir de pueblo en pueblo, de bandera en bandera. No eres para mí solo. A las islas iremos, a los mares. A las minas iremos, a los bosques. No sólo leñadores solitarios, pobres lavanderas o erizados, augustos picapedreros, me van a recibir con tus racimos, sino los congregados, los reunidos, los sindicatos de mar o madera, los valientes muchachos en su lucha.
Contigo
por el mundo!
Con mi canto! Con el vuelo entreabierto de la estrella, y con el regocijo de la espuma!
Voy a
cumplir con todos
porque debo a todos mi alegría.
No se
sorprenda nadie porque quiero
entregar a los hombres los dones de la tierra, porque aprendí luchando que es mi deber terrestre propagar la alegría. Y cumplo mi destino con mi canto. |

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